El día que aprendí a escuchar a los resistentes

Durante mucho tiempo pensé que las personas que se resistían a los cambios eran el problema.
Los que levantaban la mano en cada reunión.

Los que decían:

“Eso ya lo intentamos.”
“Eso aquí no funciona.”
“Eso ya se probó y falló.”

Cuando llegas a una empresa con energía nueva, con ideas nuevas, con ganas de mover todo rápido… esa resistencia se siente como un freno.
Molesta, incomoda, desgasta.

Hasta que un día entendí algo.
Muchas veces los resistentes no están defendiendo el pasado, están defendiendo la memoria de la empresa.
Son quienes recuerdan qué se intentó, qué falló, qué dolió y qué cosas eran realmente valiosas.

Ese día aprendí algo que hoy considero clave: cuando entras a una empresa o arrancas un proyecto nuevo, las ideas casi nunca son el problema.

La clave casi siempre está en cómo se hicieron las cosas.
Porque muchas veces la idea era correcta… pero el cómo fue lo que la mató.

Escuchar esa resistencia te da contexto.
Te muestra cicatrices, te ahorra errores.

Pero también entendí otra cosa.
Esa resistencia tiene fecha de caducidad.

Es valiosa al principio, cuando necesitas entender la historia.
Pero no puede convertirse en un lugar permanente.
Porque llega un momento en el que la historia ya se escuchó, las lecciones ya se entendieron y el proyecto tiene que avanzar.
Y si alguien decide quedarse a vivir en el pasado, probablemente tendrá que irse.

Ese día aprendí algo que hoy repito mucho: los resistentes no siempre son enemigos del cambio.
Muchas veces son los guardianes de la memoria de la empresa.
Y escucharlos a tiempo puede ahorrarte años de errores.

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Calo García

Global leader in cultural and strategic transformation

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