Durante mucho tiempo creí en una mentira muy popular en las empresas.
Que somos multitasking.
Que podemos mover diez proyectos al mismo tiempo.
Que podemos estar en todo.
La realidad es otra.
Cuando todo es prioridad…nada lo es.
Con los años aprendí algo simple: una empresa necesita muy pocas prioridades reales, tres como máximo.
-Tres lugares donde poner la energía.
-Tres problemas que realmente importan.
-Tres apuestas que pueden mover la aguja.
Todo lo demás es ruido.
Una vez tuve un CEO inglés que me enseñó esto de la forma más clara.
Cuando llegó me llamó a su oficina y me dijo algo que nunca olvidé.
“No quiero saber nada de tu área durante un año.”
Mi área simplemente no era prioridad en ese momento.
“Haz lo que tengas que hacer para que funcione,
pero toda la atención de la empresa estará en otras áreas.”
“Nos vemos en un año.”
En ese momento me pareció extraño…con el tiempo entendí que tenía razón.
Cuando una empresa decide con claridad dónde poner la atención, todo empieza a alinearse.
-Los recursos.
-Las decisiones.
-La energía de la organización.
Ese día entendí algo que nunca olvidé: las empresas no crecen donde hay más proyectos.
Crecen donde el liderazgo decide poner su atención.





