La palabra “permanencia” no tiene el mismo significado para las nuevas generaciones.
Para muchos, simplemente, no tiene ningún sentido.
No se trata de quedarse por quedarse.
Lo que buscan es evolución constante.
Y eso no necesariamente significa subir de puesto.
Significa aprender, crecer, retarse y aportar en todo momento.
Y si somos honestos… eso es lo que todos buscamos, ¿no?
Si sienten que se estancan, se desconectan.
Y ahí no hay permanencia posible, por más estabilidad, bonos o beneficios que ofrezcas.
En mi experiencia, si de verdad queremos generar esa evolución constante, hay que rediseñar la forma en que acompañamos las carreras.
Tenemos que tomar la gran meta y dividirla en pedazos más pequeños.
Fragmentar el objetivo en partes que permitan avanzar un paso, un proyecto, una conversación a la vez.
Nuestras conversaciones deben ser más frecuentes, más reales, menos estructuradas.
Hablo de sentarnos cada mes, aunque sea 20 minutos, a revisar dónde estamos y a recordar hacia dónde vamos.
Pero hacerlo de verdad.
Sin protocolo. Sin plantilla. Sin fórmula.
Como líderes que acompañan, no que califican.
Porque si lo hacemos bien, eso genera conexión.
Y cuando hay conexión, hay energía.
Y cuando hay energía, hay ganas de seguir probando, proponiendo y creciendo. En un mundo tan cambiante como este, necesitamos toda esa energía puesta en evolución… no en aguantar, por aguantar.





