No esperes compromiso si lo único que les ofreces es repetir tu camino.
No se van a comprometer si les pides pagar el mismo precio que tú, caminar igual, pensar igual, sufrir igual.
Eso es como manejar un auto mirando solo por los retrovisores.
Las nuevas generaciones necesitan impacto real en lo que hacen.
Espacio para co-crear, proponer, construir algo propio.
Necesitan sentir que están sumando valor desde su autenticidad.
Y muchas veces los juzgamos por no tener canas, por no haber perdido el pelo… como si la experiencia viniera solo con los años.
Eso es falso.
Pueden aportar.
Pueden construir.
Pero necesitan un espacio real para hacerlo.
Y cuando lo tienen, el compromiso aparece solo.
El otro día, un amigo cercano me dio una lección brutal.
Él lidera oficinas en todo el mundo.
Tenía una convención global clave… y decidió dejarla por completo en manos de su reverse coach: una joven de 25 años.
Ella diseñó todo.
Centrada en emociones, participación real, conexión humana.
¿Y sabes qué me dijo él al final?
“Ha sido la mejor convención que he hecho en muchos años.” Eso pasa cuando dejas de querer que repitan tu historia.
Eso pasa cuando aceptas que tu verdad no es absoluta.
Eso pasa cuando invitas a las nuevas generaciones a escribir la historia contigo.





