Vivimos tiempos de turbulencia. VUCA, BANI… o como prefieras llamarlo.
Lo cierto es que el terreno dejó de ser firme.
Y lo único constante es el cambio… y la confusión.
En Harvard aprendí algo que me marcó: en contextos así, lo más valioso no es predecir el futuro… es ser flexible con lo que creías saber.
Porque las compañías que sobreviven no son las que tienen un plan perfecto, sino las que saben cambiar de rumbo sin perder el propósito.
Las que escuchan señales débiles del mercado.
Las que adaptan su forma de crear y capturar valor.
Las que no buscan certezas absolutas, sino escenarios posibles para moverse con agilidad.
Y algo más: en estos momentos, lo mejor que puedes hacer como líder es tener a tu equipo a bordo.
Escucharlo. Involucrarlo. Crear juntos.
Hace años existía una competencia extrema llamada Eco-Challenge: una carrera de aventura de varios días que mezclaba navegación, supervivencia, montaña, aguas abiertas… donde equipos de todo el mundo enfrentaban condiciones salvajes.
¿Y sabes qué? Jamás ganó un equipo compuesto solo por militares. Ni uno solo.
En contra de todo pronóstico, las estructuras más rígidas eran también las más frágiles.
Ganaban los equipos mixtos, flexibles, donde había comunicación real, capacidad de adaptarse al terreno y una conexión humana fuerte.
Así que la próxima vez que sientas que todo cambió… no busques controlar la tormenta.
No trates de aferrarte a lo que ya no es. Mejor ajusta tus velas. Y asegúrate de que tu equipo esté a bordo remando contigo.





