Una vez trabajé en una empresa ubicada en una región pequeña y había una convicción muy fuerte dentro de la organización: el talento tenía que salir de la región.
Porque “la gente de aquí entiende el mercado”.
Porque “los de fuera no conocen a los clientes”.
Porque “alguien de afuera no va a entender cómo funciona esto”.
El problema era muy simple: la región era pequeña y el talento disponible… también; aun así, la empresa seguía buscando en el mismo círculo.
Los mismos perfiles.
Las mismas trayectorias.
Las mismas formas de pensar.
Una y otra vez.
Hasta que entendí algo que después he visto repetirse muchas veces.
Muchas empresas no tienen un problema de talento, tienen un problema de miopía geográfica; buscan donde les resulta cómodo, no donde realmente está el talento, porque creen que alguien de fuera no entenderá el mercado, cuando muchas veces pasa exactamente lo contrario.
Las personas que vienen de fuera del sistema:
Ven lo que los de dentro ya dejaron de ver.
Ven hábitos que nadie cuestiona.
Ven clientes desde otra distancia.
Ven oportunidades que el sistema normalizó.
Ese día aprendí algo que hoy repito mucho: a veces el talento no falta.
Simplemente lo estamos buscando en el lugar equivocado.





