La nueva serie de Absolute Batman es una joya.
En este universo alternativo, Bruce Wayne no es un millonario heredero.
Es un hombre común, un obrero que trabaja en los márgenes de Ciudad Gótica.
Pero igual decide convertirse en Batman.
No por venganza… sino por necesidad.
Porque el mundo sigue necesitando a alguien que haga lo correcto.
Porque el mito sigue vivo, aunque el origen cambie.
Y eso es lo que más me gusta de los cómics: no tienen miedo de reinventarse.
No se aferran a la versión original.
Exploran futuros paralelos, mundos alternativos, realidades que quizá no fueron… pero podrían ser.
Y lo hacen sin perder su esencia.
Y entonces pienso:
¿Por qué en el mundo corporativo nos cuesta tanto hacer lo mismo?
¿Por qué la creatividad tiene que pedir permiso?
¿Por qué tenemos que justificar cada cambio con un PowerPoint o un Excel?
¿Por qué tenemos miedo de “versionarnos”?
Yo lo veo así:
No se trata de cambiar por cambiar.
Se trata de tener versiones de nosotros mismos.
De tener el coraje de crear otra versión de ti, de tu equipo, de tu negocio… probarla… y si funciona mejor que la original, tener el valor de dejarla como la historia principal. Al igual que Absolute Batman: el traje puede cambiar, el origen puede cambiar… pero el propósito sigue siendo el mismo.





