En las manadas de lobos, el líder no va siempre al frente.
Cuando hay tormenta o peligro, se mueve hacia atrás, para observar a todos, asegurar que nadie se quede rezagado y mantener la dirección.
Cuando hay calma, cede el paso a los más jóvenes para que aprendan, se equivoquen y fortalezcan el grupo.
Ese equilibrio entre firmeza y cuidado, entre dirección y escucha, es lo que sostiene a la manada.
El liderazgo no está en gritar órdenes, sino en transmitir seguridad y propósito.
En contextos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos, un líder que solo da instrucciones crea obediencia frágil.
Pero un líder que acompaña con responsabilidad, calma y claridad crea confianza.
Y la confianza es lo único que mantiene unida a la manada en medio del caos.
Liderar en tiempos VUCA no es controlar la tormenta.
Es ser el punto de referencia que da calma cuando el ruido aumenta, y el que abre paso cuando vuelve la paz.





